El plan pone el foco en corredores clave como la Meridiana, la Diagonal o la Gran Via. La idea no es añadir más espacio para coches, sino reorganizar el existente para que los autobuses sean más rápidos y fiables, especialmente en horas punta.
Una de las medidas principales es crear dobles carriles bus. El transporte urbano circularía junto a la acera, mientras que los autobuses interurbanos tendrían su propio carril para entrar directamente en estaciones clave, evitando el tráfico.
También se estudia reforzar nodos estratégicos como Fabra i Puig o la futura estación de La Sagrera, para absorber mejor el flujo de pasajeros. El objetivo es repartir la demanda y evitar puntos de saturación que ahora se repiten cada día.
La transformación de la Avenida Meridiana será uno de los cambios más visibles. Pasará de ser una autopista urbana a un eje más integrado, con zonas verdes, mejores cruces y más espacio para peatones y bici.
Si entras o sales de Barcelona a diario, podrías notar trayectos más previsibles y menos dependientes del tráfico si usas transporte público. En cambio, moverte en coche podría ser menos cómodo en algunos accesos, ya que el espacio se redistribuye. A medio plazo, el cambio apunta a una ciudad donde el bus gane protagonismo y los desplazamientos diarios sean más rápidos y estables.