Los aparatos permiten traducir conversaciones en tiempo real en hasta 82 idiomas. También pueden interpretar textos e imágenes, una función útil para leer documentos, carteles o indicaciones cuando ninguna de las personas implicadas comparte una lengua común.
Los agentes de la Guàrdia Urbana ya están probando estos traductores durante sus patrullas. Su uso puede resultar especialmente práctico en zonas turísticas, estaciones, playas y puntos con gran afluencia, donde las consultas y las incidencias suelen producirse en varios idiomas.
La herramienta también llegará a los servicios sociales y a las oficinas municipales. Allí permitirá atender con mayor rapidez a personas que necesitan tramitar una gestión, explicar una situación familiar o solicitar ayuda sin depender siempre de la disponibilidad de un intérprete.
La traducción automática no sustituirá a los profesionales en conversaciones complejas o procedimientos que requieran precisión jurídica. Sí puede agilizar los primeros contactos, resolver dudas sencillas y facilitar que una emergencia se entienda desde el primer momento.
Para los trabajadores municipales, disponer de un dispositivo propio evita recurrir a teléfonos personales, aplicaciones dispersas o terceras personas. El objetivo es ofrecer una respuesta más directa y homogénea, independientemente del barrio o del servicio al que acuda el usuario.
La iniciativa responde al aumento de situaciones en las que el idioma dificulta la atención pública. En una ciudad con una fuerte presencia internacional, una pregunta sobre transporte, una denuncia o una gestión social puede complicarse si no existe una forma rápida de traducir.
La escena deja patrullas y mostradores municipales con una nueva herramienta en la mano. El reto será comprobar si la tecnología funciona con suficiente precisión en la calle, donde el ruido, los acentos y la urgencia pueden poner a prueba cualquier traducción automática.