La discusión gira en torno a un dilema clave: construir más dentro de la ciudad o expandirse hacia nuevos territorios. La propuesta de aumentar la densidad en zonas estratégicas ha reactivado el debate, especialmente en municipios como L’Hospitalet de Llobregat, donde la concentración de población ya es de las más altas de Europa.
Los expertos insisten en que densificar no implica necesariamente masificar. Bien planificada, puede mejorar el acceso a servicios, reforzar el transporte público y hacer la ciudad más eficiente. Sin embargo, advierten que en algunos municipios el margen de crecimiento ya se ha agotado y que incluso sería necesario reducir la presión urbana.
Un estudio reciente distingue tres escenarios: localidades que deberían perder población, otras que pueden crecer de forma moderada y un tercer grupo con capacidad para absorber nuevos residentes. Ciudades como Mataró o Sant Feliu de Llobregat aún tienen margen, mientras que otras presentan un alto nivel de saturación.
El reto también pasa por adaptar la oferta a los cambios sociales. El aumento de hogares unipersonales y de menor tamaño exige nuevas tipologías de vivienda, mientras que la densidad media prevista en nuevos desarrollos sigue por debajo del máximo legal.
Más allá de construir, se plantean alternativas como rehabilitar viviendas vacías, transformar oficinas en pisos o aprovechar suelos infrautilizados cerca de estaciones. El peso del turismo y del alquiler temporal añade complejidad a un equilibrio ya frágil.
En un territorio donde se concentran millones de personas y gran parte de la actividad económica, las decisiones urbanísticas marcarán el futuro. El desafío no es solo crecer, sino hacerlo sin perder habitabilidad, cohesión y acceso real a la vivienda.