La situación forma parte de una tendencia global cada vez más visible. Abril de 2026 fue el tercer abril más caluroso jamás medido en el planeta, con una temperatura media mundial de 14,89 ºC. El dato supera en 1,43 ºC los niveles preindustriales y confirma que el planeta continúa encadenando registros extremos. En España, el calor fue especialmente intenso y volvió a situar al país entre las zonas europeas más afectadas por las anomalías térmicas.
El mar Mediterráneo también empieza a mostrar señales preocupantes. La temperatura superficial del océano alcanzó valores récord para esta época del año, rozando los 21 ºC a nivel global. Esto preocupa especialmente de cara al verano, ya que aguas más cálidas favorecen olas de calor más largas, noches tropicales y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes en ciudades costeras como Barcelona.
Mientras tanto, el hielo polar sigue reduciéndose. El Ártico registró la segunda extensión de hielo más baja para un mes de abril y la Antártida continúa muy por debajo de sus valores habituales. A esto se suman inundaciones, ciclones y sequías en distintas partes del mundo, reforzando la sensación de que los fenómenos extremos ya forman parte del día a día climático global.
La atención ahora se centra en la posible llegada de un nuevo episodio de El Niño durante la segunda mitad de 2026. Este fenómeno suele intensificar el calor en el Mediterráneo y alterar lluvias, temperaturas y disponibilidad de agua. En ciudades como Barcelona, donde el calor y la sequía ya condicionan la vida urbana, su evolución preocupa tanto a meteorólogos como a responsables de salud pública y gestión del agua.