La celebración tiene raíces que se remontan al siglo XVIII, cuando en los terrenos que hoy ocupa la casa existía una residencia de convalecencia de los carmelitas descalzos del convento de los Josepets. Allí, un manantial cuyas aguas parecían favorecer la recuperación de los enfermos dio origen a una devoción popular dedicada a la santa.
Con el paso del tiempo, la tradición se consolidó en el vecindario. Durante décadas, los habitantes de la zona acudían a la calle Carolines para beber del manantial y rendir homenaje a Santa Rita. Aunque la antigua capilla construida en 1927 desapareció a mediados del siglo XX, la memoria de aquella costumbre nunca se perdió.
Hoy, la jornada mantiene ese espíritu comunitario. Durante la mañana se instala un puesto solidario de rosas y velas frente a la casa, cuya recaudación se destina a entidades sociales del barrio. Después, los vecinos participan en la misa en la iglesia de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, junto al edificio. La celebración culmina en el jardín de Casa Vicens con la bendición de las rosas, un gesto simbólico en el que muchos formulan sus deseos para el año que comienza. Un encuentro donde patrimonio, memoria y vida de barrio vuelven a encontrarse.