Durante tres días, la plaza se transforma en un espacio abierto donde confluyen tiendas, mercados y propuestas gastronómicas. No es solo una feria, sino un recorrido por la diversidad de oficios, productos y saberes que definen la identidad local. Desde puestos de comerciantes hasta espacios de restauración, el visitante puede descubrir, probar y conversar directamente con quienes están detrás de cada proyecto.
La programación se despliega en distintos escenarios: showcookings, charlas, talleres y actividades familiares conviven con música en directo y zonas pensadas para quedarse, como áreas de pícnic o espacios de descanso. Todo invita a pasar tiempo, sin prisa, entre sabores, ideas y encuentros.
La Fira del Comerç Local propone una experiencia cercana, donde el intercambio no es solo económico, sino también humano. Un recordatorio de que la ciudad también se construye a pequeña escala.
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