Con una máscara como única compañía, los asistentes recorren los distintos espacios de Tinta Roja, en el barrio de Poble-sec, siguiendo el punto de vista de uno de los diez protagonistas. Cada recorrido revela una versión distinta de la historia, por lo que ninguna experiencia es exactamente igual a otra.
Durante 60 minutos, el límite entre teatro y realidad se difumina. El público se mueve libremente por el espacio, observa escenas desde muy cerca y reconstruye el relato a partir de fragmentos, encuentros y secretos que aparecen a lo largo del camino.
La entrada incluye una copa de cava —o una bebida sin alcohol— para completar una propuesta pensada para grupos reducidos, donde la cercanía con los intérpretes forma parte esencial del espectáculo. Voyeur invita a mirar aquello que normalmente permanece fuera de escena y a descubrir que, a veces, la historia cambia por completo según a quién se decide seguir.