Sobre el escenario, Alfonso Barón y Luciano Rosso se enfrentan, se provocan y se seducen mediante una sucesión de movimientos que combinan danza contemporánea, acrobacias y gestos cotidianos llevados al extremo.
La relación entre ambos cambia constantemente. Lo que comienza como una competición física puede transformarse en un juego de seducción o en una situación completamente absurda. La radio, que suena en directo, introduce un elemento imprevisible que acompaña y modifica el ritmo de sus acciones.
La obra juega con los códigos de la masculinidad, el deporte y la sexualidad, utilizando el humor para cuestionar comportamientos y convenciones sociales.
Bajo la dirección de Hermes Gaido, Un poyo rojo apuesta por una puesta en escena sencilla en la que toda la atención recae sobre la expresividad y la capacidad física de sus intérpretes.
El espectáculo no tiene diálogos y dura 60 minutos. Una hora en la que dos cuerpos cuentan una historia abierta a múltiples interpretaciones, entre la comicidad, la tensión y el virtuosismo físico.