A través de recuerdos, preguntas y conversaciones con el público, Masferrer observa cómo cambia la percepción de la vida cuando aparece la conciencia de que es finita. El monólogo se mueve entre asuntos cotidianos y cuestiones más profundas: qué significa realmente aprovechar el tiempo, cuándo se empieza a sentir que pasa demasiado rápido y cuánto de la propia vida se dedica a aquello que de verdad importa.
El humor y la complicidad con los espectadores evitan que Temps se convierta en una reflexión solemne. La propuesta encuentra su valor precisamente en confrontar al público con su propia relación con el tiempo sin ofrecer respuestas cerradas.
El espectáculo se representa en catalán y dura 90 minutos, exactamente el tiempo que plantea su pregunta inicial.