La propuesta toma como punto de partida la leyenda oriental del hilo rojo del destino, según la cual existe un vínculo invisible entre quienes están destinados a encontrarse. Esa idea se trasladará al cielo mediante una coreografía de drones sincronizada con música.
Durante el espectáculo, símbolos vinculados a Barcelona y Shanghái aparecerán suspendidos sobre el mar, cambiarán de forma y terminarán entrelazándose. Las imágenes jugarán con la distancia entre ambas ciudades para convertirla, durante unos minutos, en un espacio compartido.
Luz, movimiento y tecnología construirán así un relato visual sobre conexiones que persisten incluso cuando miles de kilómetros separan sus extremos.