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¿Tu escoba ya barre de lado y deja la mitad del polvo? Una noche en un cubo con agua caliente y dos cosas de la cocina le devuelve la firmeza

Llega un momento en que la escoba deja de barrer y empieza a repartir: las cerdas se abren en abanico, se tuercen hacia un lado y el polvo se queda mirándote. Antes de comprar otra, prueba una cosa.

La escoba en abanico tiene arreglo, y es de una noche.
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Por redes circula este truco envuelto en misticismo — sal en la escoba «para renovar energías» —, pero debajo del envoltorio hay un arreglo doméstico de los de toda la vida: agua bien caliente y dos ingredientes que ya tienes en la cocina.

Porque esas cerdas no están rotas. Están deformadas. Y lo que se deformó con el uso, con calor se recoloca.

Por qué se abre la escoba

Las cerdas de la mayoría de escobas domésticas son de plástico, normalmente polipropileno, un material con memoria: a base de presión, roce contra el suelo y barridos con demasiado entusiasmo, se dobla y se queda doblado. Resultado: barres con un peine al que le faltan la mitad de las púas, y cada pasada deja su propia estela de polvo.

Agua caliente, sal y vinagre: el balneario de las escobas.

El otro culpable eres tú, o más bien tu rincón: dejar la escoba apoyada de pie sobre las cerdas, con todo el peso encima, es la forma más rápida de deformarla. Colgada de un gancho o con el palo hacia abajo, dura el doble.

El que trabaja aquí es el calor: el agua caliente ablanda la cerda doblada y le permite recuperar la posición. La sal y el vinagre son los ayudantes, no los protagonistas.

El remedio, paso a paso

  1. Llena un cubo con agua muy caliente, sin que llegue a hervir: la del grifo al máximo sirve.
  2. Añade un buen puñado de sal y un chorro generoso de vinagre blanco.
  3. Sumerge solo las cerdas, palo hacia arriba, y déjalo toda la noche.
  4. Por la mañana, aclara, junta las cerdas con una goma elástica y deja secar la escoba colgada o boca arriba. Nunca apoyada sobre las cerdas.

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  • La sal ayuda a soltar la suciedad incrustada entre las cerdas, que también contribuye a que se abran.
  • El vinagre desinfecta y se lleva el olor a fregona vieja que ninguna escoba confiesa tener.
  • La goma elástica es el paso que casi todo el mundo se salta y el que más importa: obliga a las cerdas a secarse rectas y juntas.

Traducción: no vas a estrenar escoba. Vas a recuperar una que barre en línea recta en vez de esparcir. Para alargarle la vida unos meses más, sobra.

Cuándo no hay milagro

Si las cerdas están partidas, fundidas por el sol o la escoba lleva años jubilable, el remojo no resucita nada: el truco endereza cerdas dobladas, no revive cerdas muertas. Y ojo con las escobas de fibra natural: el agua muy caliente puede resecarlas, así que con ellas el baño se hace templado y corto.

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