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Tomate, berenjena y un poco de queso: pasta gratinada al horno, fácil y rápida

Si alguna vez has hecho escalivada, esta receta te sonará: berenjena, pimiento y tomate asados hasta que se vuelven dulces y blandos. La diferencia es que aquí no se sirven en tiras con aceite. Se trituran con queso crema y se convierten en una salsa para pasta suave, cremosa y sin una gota de nata.

Pasta gratinada al horno: el queso va al final, solo hasta que burbujee.
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Es la receta de horno ideal para el día que no apetece estar en la cocina. El horno hace casi todo el trabajo, y las manos se ocupan unos diez minutos en total.

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Lo que necesitas

Para 2 personas (se duplica sin problema):

  • 200 g de pasta corta: macarrones, penne o rigatoni, que atrapan bien la salsa
  • 1 berenjena
  • 1 tomate grande o 5-6 cherris
  • 2 pimientos
  • 3 dientes de ajo
  • 2 cucharadas de queso crema
  • Aceite de oliva, sal, pimienta y albahaca seca
  • Para gratinar: un puñado de mozzarella rallada o parmesano

El paso a paso

  1. Prepara las verduras: la berenjena partida a lo largo, el pimiento y el tomate en trozos grandes y los ajos pelados.
  2. Al horno: todo en una fuente, con aceite, sal, pimienta y albahaca, unos 35 minutos a 180 °C, hasta que esté muy blando y con alguna zona tostada.
  3. Mientras, cuece la pasta al dente. Antes de escurrirla, guarda medio vaso del agua de cocción.
  4. Saca la pulpa de la berenjena con una cuchara y desecha la piel.
  5. Tritura las verduras con el queso crema y un poco del agua de la pasta, hasta que quede una crema lisa. Si la prefieres con tropezones, aplástalas con un tenedor.
  6. Mezcla con la pasta, pásala a una fuente, cubre con el queso y gratina 5-8 minutos, hasta que burbujee y se dore.

Ese último paso es el que convierte una pasta con salsa en un plato de horno de los que se llevan a la mesa en la propia fuente. Quien tenga prisa puede servirla nada más mezclarla, con un poco de hierba fresca por encima, y estará igual de buena.

Ojo al agua de cocción: se añade a cucharadas, nunca de golpe. El almidón que suelta la pasta liga la salsa y la vuelve cremosa, pero medio vaso entero de una vez la deja aguada sin remedio.

Por qué sabe a tanto con tan poco

El horno concentra los azúcares de las verduras y les quita el agua, y por eso la salsa sale dulce e intensa sin necesidad de sofrito largo. El ajo asado, que pierde todo su picor, se funde en la mezcla y le da fondo.

Traducción: el queso crema hace el papel de la nata con la mitad de grasa, y el agua de cocción el de la mantequilla. La cremosidad sale gratis.

Las berenjenas que se venden hoy apenas amargan, así que el paso clásico de salarlas y dejarlas sudar sobra en esta receta. Y si un día se pasa el punto de horno y salen algo quemadas por los bordes, no pasa nada: ese toque ahumado es justo lo que distingue una escalivada buena.

Berenjena, tomate y pimiento: la base de la salsa, asada en el horno.

El tiempo real, de principio a fin, ronda los 45 minutos. Treinta y cinco de ellos el horno trabaja solo, y la salsa admite preparación previa: hecha la víspera, aguanta un par de días en la nevera y la cena se resuelve en lo que tarda en hervir el agua.

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