Pollo sin apenas tocarlo: 5 minutos de sartén, una manta de verduras por encima y tú, a lo tuyo
Hay recetas que exigen estar pendiente de la cocina, y luego está esta: cinco minutos de trabajo real y cincuenta de horno mientras tú haces cualquier otra cosa. El resultado es pollo jugoso con una salsa de verduras que se ha hecho sola.

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Se prepara con jamoncitos, la parte inferior del muslo, con hueso y piel. Son baratos, muy difíciles de secar y perfectos para una cocción larga y tranquila.
Los ingredientes
Para cuatro raciones:
- 1 kg de jamoncitos de pollo.
- 2-3 tomates maduros.
- 1-2 cebollas.
- 1 pimiento rojo.
- 5 dientes de ajo.
- 2-3 cucharadas de aceite de oliva, repartidas entre la sartén y las verduras.
- Media o una cucharadita de sal, pimienta negra y media cucharadita de especias: pimentón, orégano y una pizca de comino funcionan muy bien.
- 1 cucharadita de concentrado de tomate, si los tomates no son muy jugosos.
El tomate maduro es el que manda en la salsa. Si es de invernadero y apenas suelta jugo, la cucharadita de concentrado compensa la falta de sabor.

El método
- Seca muy bien los jamoncitos con papel de cocina.
- Dóralos en una sartén con parte del aceite, unos 5 minutos, girándolos hasta que estén dorados por todos lados. No hace falta que se hagan por dentro.
- Pásalos a una fuente de horno.
- Corta en dados el tomate, la cebolla y el pimiento, y prensa o pica el ajo.
- Mezcla las verduras con la sal, la pimienta, las especias, el resto del aceite y el concentrado, si lo usas.
- Cubre el pollo con esa mezcla, rellenando también los huecos entre las piezas.
- Hornea a 180 °C unos 50 minutos, tapado con papel de aluminio. Los últimos 10-15 minutos, destapa para que la salsa espese.
Los jamoncitos grandes pueden necesitar hasta una hora. Están en su punto cuando la carne se separa fácilmente del hueso y el jugo sale transparente al pincharlos junto a él.
Los cinco minutos de sartén son los que dan el sabor. El dorado crea una costra que el horno no consigue por sí solo, y esa costra se va deshaciendo poco a poco en la salsa durante la cocción.
Para que dore de verdad, la sartén tiene que estar bien caliente y los jamoncitos, sin amontonar. Si no caben todos, mejor en dos tandas: apretados se cuecen en su propio jugo y no cogen color.
Por qué funciona la manta de verduras
Mientras el pollo se cocina, las verduras van soltando su agua y forman una salsa que lo rodea y lo mantiene húmedo durante toda la cocción. A la vez, la grasa y los jugos del pollo caen sobre las verduras y les dan un sabor que no tendrían solas.
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Al sacarlo del horno, la fuente lleva el segundo plato y la salsa en un solo recipiente. Solo falta pan para mojar, o un poco de arroz blanco o de cuscús para recoger lo que queda en el fondo. Y si sobra, recalentado al día siguiente está todavía mejor.
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