Lamine Yamal cambiaría su vida por la tuya por una cosa que tú haces cualquier tarde en Barcelona
Tomar algo en una terraza de Barcelona sin que nadie te mire. Eso es lo que Lamine Yamal dice que envidia de una vida normal, la tuya incluida.

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Lo contó en la entrevista que Jorge Valdano le hizo para 'Universo Valdano', en Movistar Plus+, emitida entera el pasado jueves. Y no sonó a falsa modestia de rueda de prensa.

La frase
El futbolista describió la escena que se le repite: sale a dar una vuelta por la ciudad, entra a comprar ropa y nota lo que piensa la gente que le reconoce.
"La gente dirá: 'Ojalá ser Lamine y comprarme todo lo que quiera'. Pues para mí es al revés. Ojalá ser vosotros y poder tomar algo en esta calle tranquilamente, o poder convivir con la gente sin llamar mucho la atención", dijo en la entrevista.
A los 19 años acaba de ganar el Mundial con España, es el '10' del Barça y arranca la temporada a un nivel altísimo. Lo que no tiene, y es lo único que no se compra en esa tienda, es pasar desapercibido.
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El otro titular de la misma entrevista
En la misma conversación con Valdano, el de Rocafonda se puso en la carrera por el Balón de Oro sin rodeos, después de haber dicho días antes que no pensaba hacer campaña.
- Su lectura del premio: cree que como mejor del mundo "quizás somos dos", él y Kylian Mbappé.
- Su conclusión: "este año me lo merecería yo".
- El argumento: "todo el mundo que ve los partidos lo sabe".
- La fecha: la gala es el 26 de octubre en Londres.
Traducción: el mismo chaval que renunciaría a la fama por una caña tranquila quiere el premio individual más ruidoso que existe. Las dos cosas caben en la misma cabeza de 19 años, y probablemente en la de cualquiera.
Lo que hay detrás del comentario
La pérdida del anonimato es el peaje que casi ningún futbolista menciona en las entrevistas de patrocinador, y menos a esta edad. En su caso llegó de golpe: pasó de jugar en el barrio de Rocafonda, en Mataró, a no poder cruzar una calle del centro de Barcelona sin que se pare el tráfico de miradas.
No es el primero que lo dice, ni será el último. La diferencia es la edad a la que le ha tocado: a los 19 años, cuando la mayoría está aprendiendo a moverse por su ciudad, él ya solo la recorre acompañado y con un plan.
De momento, la vida de la que habla — sentarse, pedir y que no pase nada — la tienen todos los que leen esto. Él tiene el Mundial.
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