La tarta de la abuela sin encender el horno: galletas María y crema, se monta por la noche y al desayuno está lista
Hay tartas que piden horno, molde, báscula de precisión y una tarde libre. Y luego está esta: un paquete de galletas María, una crema casera y una nevera que trabaja mientras duermes.

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El formato es el de la tarta de la abuela de toda la vida, con una lógica que desarma a cualquier escéptico de la repostería: aquí no se hornea nada, se apila. El resto lo hace el tiempo.
La crema, que es donde está el oficio
Los ingredientes son de despensa corriente: 500 ml de leche, 2 huevos, 120 g de azúcar, 2 cucharadas de harina, 100 g de mantequilla y un sobre de azúcar vainillado. Con eso se hace una crema pastelera enriquecida, que es el alma del asunto.
- Bate los huevos con el azúcar, la vainilla y la harina hasta que no queden grumos.
- Incorpora la leche poco a poco, sin dejar de batir.
- Cuécelo a fuego medio removiendo constantemente, hasta que espese y apenas rompa a hervir.
- Fuera del fuego, añade la mantequilla y remueve hasta integrarla del todo.
- Tapa la crema con film pegado a la superficie y deja que se enfríe.
Ese film en contacto directo no es manía de repostero: sin él, la superficie forma una costra que luego aparece en forma de grumos entre las capas.
Ojo al fuego en el paso 3: medio y con paciencia. Con prisa y fuego alto, el huevo cuaja en vez de espesar y la crema sabe a tortilla dulce. Si pasa, un golpe de batidora la rescata, pero mejor no llegar ahí.
El montaje, que es un juego de niños
Sobre el plato de servir va una base fina de crema — es el pegamento que ancla el edificio — y a partir de ahí, capas alternas de galletas y crema hasta terminar el material. La última capa de crema cubre también los lados, y encima, lo que haya a mano: nueces picadas, migas de galleta, cacao en polvo o chocolate rallado.

Y entonces llega el ingrediente que no sale en la lista: entre 5 horas de nevera y, mejor todavía, la noche entera.
Traducción: la nevera es el horno de esta tarta. Durante esas horas la galleta absorbe la humedad de la crema y deja de ser galleta: se vuelve un bizcocho fino y denso. Cortada antes de tiempo, la tarta cruje; cortada por la mañana, nadie adivina que no pasó por el horno.
La galleta con nombre de gran duquesa
La protagonista tiene más historia de la que aparenta: la galleta María nació en Londres en 1874, creada por una fábrica de la época para celebrar la boda de la gran duquesa María de Rusia con un hijo de la reina Victoria. De ahí el nombre que hoy lleva impreso cada unidad en cualquier supermercado español.
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Para la tarta sirven igual las clásicas que cualquier galleta tipo galleta sin sal; lo que conviene respetar es la cantidad de crema entre capas, generosa, porque es la que tiene que ablandar el piso de arriba y el de abajo a la vez. Si al montarla parece que sobra crema, va bien encaminada.
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