La cena más rica del otoño cuesta lo que una lata de sardinas: una de las cocineras más seguidas la monta en 20 minutos
Hace dos años, la guía gastronómica Taste Atlas colocó el bocadillo de sardinas como el peor valorado de España según sus usuarios. España, mientras tanto, siguió cenándolo tan tranquila. Y ahora una de las cocineras más veteranas y seguidas de internet sale en su defensa con receta incluida.

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Anna Terés, la cara de Anna Recetas Fáciles y autora de tres libros de cocina — el último acaba de salir —, compartió en Instagram su versión del bocadillo: sardinas en aceite, pimientos asados aliñados con ajo, aceitunas negras y tomate restregado en el pan. Una cena pensada para disfrutarla, no para salir del paso.
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La receta, por partes
La gracia del plato está en tener los pimientos asados hechos, que es costumbre de casa española de toda la vida. Si ya están en la nevera, la cena se monta en lo que tarda el pan en abrirse.
- Los pimientos: uno rojo, uno amarillo y uno verde, enteros al horno a 250 ºC durante 30 minutos, girándolos cada 10. Se dejan templar, se pelan, se despepitan y se cortan en tiras.
- El aliño: las tiras van a un bol con una pizca de sal, un diente de ajo machacado y una cucharada de aceite de oliva virgen extra.
- El montaje: pan abierto a lo largo y untado con medio tomate maduro; encima las tiras de pimiento, las sardinas escurridas de una lata y seis aceitunas negras en rodajas. Cerrar y comer recién hecho.
El atajo para la noche de diario existe y es legal: pimientos asados de bote o del piquillo, escurridos y aliñados igual. Ganan bastante si pasan un par de minutos por la sartén para caramelizar. Con ese atajo, los 20 minutos del titular sobran.
Ojo a la economía del horno: si lo enciendes para tres pimientos, lo estás desaprovechando. Asados y aliñados aguantan 3 o 4 días en la nevera en un táper cerrado, así que la tanda grande del domingo deja resueltas dos o tres cenas de la semana.
En defensa de la lata
Conviene decirlo porque se confunde a menudo: una conserva de sardinas es un alimento procesado, no un ultraprocesado. Dentro de la lata hay pescado, aceite y sal, y el milagro de que aguante años a temperatura ambiente lo hace la esterilización, no ningún aditivo. La normativa europea, además, solo permite vender como sardina en conserva la especie Sardina pilchardus; cualquier otra debe ir identificada en la etiqueta.

A eso se suma lo que la abuela ya sabía sin leer etiquetas: la sardina es pescado azul, con su omega-3 y, si se come con sus espinas blandas, con un extra de calcio difícil de igualar por ese precio.
Traducción: el bocadillo peor valorado de Taste Atlas es, mirado de cerca, proteína de calidad, verdura asada y pan por poco más de dos euros. Hay rankings que dicen más del que vota que del plato.
Para rematar la faena otoñal, el mismo esquema admite variaciones sin despeinarse: las sardinillas en aceite picante para los valientes, o la lata de caballa cuando no hay sardinas. El pan, eso sí, que sea de verdad: en un bocadillo de tres ingredientes, no hay dónde esconder un pan malo.
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