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España tendrá un 23% más de aceite de oliva, y el Gobierno estudia retirar parte para que no se abarate

Después de dos años pagando el aceite de oliva como si fuera perfume, llega la cosecha que debería abaratarlo. Y justo ahora, sobre la mesa del Ministerio hay una orden para retirar parte de ese aceite del mercado.

La cosecha más abundante en años llega con debate incorporado.
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Las cifras las presentó el ministro Luis Planas en Jaén con el arranque de campaña: España producirá 1.602.596 toneladas en 2026/27, un 23% más que la campaña anterior. Andalucía pone casi el 79% del total, con una subida del 29%.

El botón que nunca se ha pulsado

La herramienta se llama norma de comercialización y permite algo inédito: ordenar la retirada obligatoria de hasta el 20% de la producción estimada — unas 320.000 toneladas como máximo —, guardándola para la campaña siguiente. La pagan las propias almazaras, no Bruselas ni los Presupuestos.

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No se activa por capricho, sino por fórmula: solo si las existencias almacenadas más la nueva producción superan el 120% de la media de las dos mejores campañas de comercialización de las últimas seis. La decisión corresponde al Ministerio de Agricultura en la primera quincena de noviembre, y las estimaciones del propio sector sitúan el mercado a un 1-6% de cruzar ese umbral. Al filo, vaya.

Traducción: es un airbag contra el hundimiento de precios en el campo. El problema es que el mismo airbag que protege al olivarero le sujeta el precio al consumidor justo cuando por fin iba a respirar.

Competencia ya ha levantado la mano

La CNMC publicó a principios de octubre un informe sobre el proyecto de orden y su diagnóstico es incómodo para el Gobierno: la retirada plantea riesgos para la competencia y los consumidores, con efectos sobre los precios, la calidad y la variedad de la oferta. Pide justificar que la sobreoferta sea realmente extraordinaria y limitar la medida al mínimo imprescindible.

Lo que pase en noviembre se notará en la aceitera de casa.

El contexto de precios explica la tensión. El virgen extra cotiza en origen en torno a 3,3 euros el kilo, lejísimos de los más de 9 que llegó a tocar en lo peor de la crisis de 2023-2024, cuando la botella del supermercado se fue a los dos dígitos y el aceite se convirtió en el producto más robado de España.

Ojo a la otra cara, que también existe: antes de la sequía, el olivar vivió años vendiendo por debajo de costes, con el aceite a dos euros en origen y tractores en las carreteras. La retirada no se inventó contra el consumidor; se inventó contra aquella ruina. La pregunta de noviembre es si la situación actual se parece en algo a aquella.

Qué significa para tu carrito

El aceite de la nueva cosecha empieza a llegar a los lineales entre noviembre y enero, y ese suele ser el momento más barato del año para llenar la despensa. Dos escenarios:

  • Sin retirada: la cosecha abundante presiona los precios a la baja y el descuento de nueva campaña se nota de verdad.
  • Con retirada: parte del aceite se guarda, la oferta se estrecha artificialmente y la bajada llega recortada, si llega.

Hay una vía intermedia que ya funciona: la autorregulación voluntaria de las cooperativas, que controlan dos tercios de la producción y pueden almacenar aceite sin orden ministerial. Entre esa opción y el botón obligatorio se juega la diferencia. Para el bolsillo, la fecha a vigilar no es la de la aceituna: es la primera quincena de noviembre, en un despacho de Madrid.

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