Engancha como 'Black Mirror': la mejor serie de ciencia ficción de Prime Video se devora en 8 horas
Hay una serie de ciencia ficción escondida en el catálogo de Prime Video que se termina en una tarde larga de sofá: ocho episodios, una temporada, sin cliffhangers artificiales ni deberes para el espectador. Se llama <em>Tales from the Loop</em> — <em>Historias del bucle</em> en España — y es de lo más hermoso que ha dado el género en televisión.

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La premisa cabe en dos frases. Bajo un pueblo de Ohio funciona el Loop, una enorme máquina experimental construida para explorar los misterios del universo. En la superficie, la gente vive su vida entre robots oxidados en el bosque y tractores que levitan, con la misma naturalidad con la que nosotros convivimos con las antenas de telefonía.
De dónde sale ese mundo
La serie nace de un lugar poco habitual: no de una novela ni de otra película, sino de las pinturas digitales del artista sueco Simon Stålenhag, que lleva años retratando paisajes nórdicos cotidianos invadidos por máquinas retrofuturistas. El showrunner Nathaniel Halpern, guionista de Legión, convirtió esos cuadros en episodios; cada capítulo parece, literalmente, un cuadro de Stålenhag puesto en movimiento.

El envoltorio está a la altura de la idea. El primer episodio lo dirige Mark Romanek (Nunca me abandones), por la temporada pasan directores como Jodie Foster y Andrew Stanton, la banda sonora lleva la firma de Philip Glass junto a Paul Leonard-Morgan, y el reparto lo encabezan Rebecca Hall, Paul Schneider y Jonathan Pryce.
Traducción del pedigrí: Amazon no compró una serie de robots, compró una serie de autor con robots. Eso explica tanto a los que la adoran como a los que la abandonan en el segundo episodio.
La comparación del titular, puesta en su sitio
Lo que comparte con Black Mirror es la arquitectura: episodios autoconclusivos, cada uno con sus protagonistas y su dilema, conectados por el mismo universo. Se puede entrar, ver un capítulo suelto y salir con una historia completa, y esa estructura es adictiva por sí sola.
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El parentesco se acaba ahí, y conviene saberlo antes de darle al play. Donde Black Mirror usa la tecnología para el cinismo y el mal rato, Tales from the Loop la usa para la melancolía: sus episodios van de la pérdida, la soledad, el tiempo y las conversaciones que no se tuvieron. La crítica de Espinof lo clavó en su día: no es una nueva Black Mirror, porque aquí la ciencia ficción no sirve para reflexionar sobre la tecnología, sino como detonante del drama personal de cada episodio.
Ojo a la advertencia honesta: la serie es lenta a conciencia. Quien busque giros, persecuciones o un misterio que resolver, va a sufrir; el propio ritmo contemplativo es el precio de entrada. Esta es una serie para ver como se mira un cuadro, y no todo el mundo quiere mirar cuadros ocho horas.
Por dónde empezar
Por el principio, pero con una red de seguridad: si el primer episodio — una niña que busca a su madre desaparecida — te deja frío, prueba todavía con el tercero o el cuarto, que son de los más redondos, antes de rendirte. Si a esas alturas no te ha atrapado, no es tu serie, y no pasa nada.
Si te atrapa, la mala noticia llega al final: solo existe una temporada, y a estas alturas nada indica que vaya a haber otra. La buena es que no hace falta: las ocho horas cierran lo que abren, que en la televisión de hoy es casi tan raro como un tractor levitando.
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