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Casi la mitad de los españoles de 85 a 94 años toma cinco o más pastillas al día, y nadie revisa si todas siguen haciendo falta

Abre el pastillero de tus padres y cuenta. Si salen cinco o más medicamentos distintos, no son un caso raro: son la estadística.

El pastillero se llena con los años; vaciarlo no es tarea de nadie.
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Los datos son del Ministerio de Sanidad: el 29,7 % de los mayores de 65 años en España está polimedicado, y entre los 85 y los 94 años la cifra escala hasta el 44,7 %. Polimedicado tiene definición oficial: cinco o más principios activos distintos tomados de forma crónica durante un año.

Qué hay dentro del pastillero

El podio de los medicamentos más repetidos sorprende poco a quien haya visto una mesilla de noche española. Más del 70 % de los polimedicados toma protectores de estómago — la familia del omeprazol —, entre el 55 y el 70 % lleva pastillas para la tensión, y los reductores del colesterol completan el trío habitual.

El problema no es ninguno de esos fármacos por separado. Es la suma, y sobre todo la inercia con la que la suma crece.

Cinco o más medicamentos crónicos: la norma a partir de los 85.

El mecanismo que nadie corrige

Cuando el tema saltó esta semana a Menéame, los lectores describieron el engranaje mejor que cualquier informe. Un comentarista lo bautizó como inercia farmacológica: cada especialista añade su receta sin revisar el historial completo, y nadie se encarga de la operación contraria.

"Solo añaden, no quitan; si no petas, es que está bien", resumía un lector el criterio de facto del sistema.

Otro aportaba el caso práctico que ilustra a dónde lleva eso:

"Un día me fijo, y mi padre tomaba dos diuréticos distintos", contaba sobre la medicación de su padre, que hubo que corregir.

Duplicidades, interacciones entre fármacos y recetas que sobrevivieron años al problema que las originó: ese es el inventario típico de un pastillero que lleva una década creciendo sin poda.

Traducción: el pastillero de los abuelos es la única cosa de la casa que nadie audita. El coche pasa la ITV, la caldera tiene revisión anual y la lista de medicamentos solo conoce una dirección: más.

La revisión que hay que pedir (y la que no hay que hacer)

La herramienta existe y tiene nombre: revisión de la medicación. Consiste en que el médico de cabecera — o el farmacéutico, que también la ofrece — repase la lista completa una vez al año y conteste a una pregunta por fármaco: ¿sigue haciendo falta? Para que funcione, la lista tiene que ser de verdad completa, incluidos los medicamentos sin receta y lo que venga del herbolario, que también interacciona.

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Como el sistema rara vez la activa solo, pedirla es tarea de la familia. Basta una frase en la próxima cita: queremos una revisión de toda la medicación.

Ojo a lo que esta historia NO dice: nada de retirar pastillas por cuenta propia. Dejar de golpe un protector de estómago, un antihipertensivo o una estatina puede ser bastante peor que seguir tomándolos. Quitar medicación — los médicos lo llaman deprescripción — es un acto médico tan serio como ponerla; pedir que se haga, en cambio, está al alcance de cualquier hijo.

El dato final para vencer la pereza: los polimedicados concentran mucha más enfermedad crónica — siete veces más insuficiencia cardiaca, cinco veces más cardiopatía isquémica —, así que cada fármaco de la lista compite con los demás por el mismo hígado y los mismos riñones. Razón de más para que la lista sea exactamente tan larga como haga falta. Ni una pastilla más.

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