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El jardín del Ritz vuelve a convertirse en un tablao flamenco por una noche

El jardín del Mandarin Oriental Ritz volverá a transformarse en un tablao flamenco el próximo viernes 4 de septiembre. Tras el éxito de la primera edición celebrada en julio, La Carmela regresará a este espacio frente a Neptuno con baile, cante y una propuesta gastronómica diseñada especialmente para la velada.

El jardín del Mandarin Oriental Ritz Madrid

Por · Madrid ·

El espectáculo comenzará a las 22:00 horas y se prolongará hasta cerca de la medianoche. Juan Andrés Maya, director artístico de La Carmela, encabezará una actuación que utilizará tanto un escenario convencional como la histórica escalinata del jardín del hotel.

La primera cita, celebrada el 23 de julio ante un aforo de alrededor de 120 personas, despertó suficiente interés como para que sus organizadores decidieran repetir la experiencia. Las reservas para septiembre ya están abiertas y vuelven a ofrecer dos maneras muy diferentes de vivir la noche.

La opción más completa cuesta 200 euros por persona e incluye el espectáculo, una cena con menú cerrado y un maridaje de cinco vinos. Para quienes prefieran acudir únicamente por el flamenco, existe una entrada de 50 euros con acceso a una mesa alta y una copa de Moët & Chandon.

La cena arranca con tomate de temporada y gazpacho de sandía antes de pasar a varios platos para compartir. Entre ellos aparecen jamón ibérico de bellota, ensaladilla rusa con ventresca de atún, gamba blanca cocinada al Josper y brocheta de pollo de corral con jugo de pimientos asados.

Como plato principal se servirá presa ibérica a las brasas acompañada de ceniza y setas. El final llegará con melón fresco y flan, en una propuesta que busca trasladar al plato el mismo equilibrio entre tradición y actualización que plantea el espectáculo flamenco.

La ubicación es otra de las claves del plan. El Jardín del Ritz permanece escondido tras la fachada del histórico hotel de la plaza de la Lealtad, a pocos metros del Museo del Prado y la fuente de Neptuno, y normalmente funciona como uno de sus espacios de restauración al aire libre.

Durante unas horas, ese ambiente cambiará por completo. El sonido de las guitarras y el baile ocuparán un jardín acostumbrado a cenas y copas, convirtiendo una noche de septiembre en uno de esos planes poco habituales en los que Madrid mezcla el lujo de uno de sus hoteles históricos con una de sus tradiciones culturales más reconocibles.

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