El arranque lo marcará el pregón de Sonsoles Ónega desde la Casa de la Villa. A partir de ahí, diez días donde el chotis, los conciertos y las verbenas pasan a formar parte de la rutina diaria. Incluso antes, quienes quieran meterse en ambiente pueden aprender a bailarlo en talleres gratuitos en Daoiz y Velarde.
La programación crece en volumen y en variedad. Hay conciertos de distintos estilos, actividades infantiles, talleres, sesiones de DJ y los clásicos Gigantes y Cabezudos. La idea es clara: que cualquier plan encaje, tanto si buscas tradición como algo más actual.
La fiesta no se queda en un solo punto. Espacios como la Plaza Mayor, Las Vistillas, Matadero o la pradera de San Isidro se reparten el protagonismo. Esto hace que el ambiente se extienda por toda la ciudad y obliga a moverse, descubrir zonas y cambiar recorridos habituales.
Para muchos barrios, estos días suponen un giro total. Más gente en la calle, más actividad y horarios que se alargan. También aparecen oportunidades: desde planes improvisados hasta encuentros que no pasan el resto del año.
San Isidro vuelve a poner a Madrid en modo colectivo. Durante unos días, la ciudad deja de ir con prisa y se convierte en un espacio compartido donde tradición y vida urbana se mezclan en cada plaza.