El Parque de Atracciones de Madrid encara una transformación que marcará la agenda de ocio de la ciudad en los próximos años. La nueva concesión, ya en licitación, obligará a quien la gestione a modernizar el recinto y sumar nuevas atracciones, pero sin renunciar a su pieza más icónica: el tiovivo de 1927, una joya artesanal que seguirá siendo parte del paisaje familiar de la Casa de Campo.
La concesión tendrá una duración de ocho años, hasta el 5 de octubre de 2035, y solo podrá obtenerla quien presente la propuesta más ventajosa para el Ayuntamiento según los criterios fijados. No se trata solo de sumar novedades: el futuro gestor deberá invertir en accesibilidad para que el parque y sus atracciones sean realmente inclusivos, abriendo la experiencia a más públicos y adaptándose a las necesidades actuales.
Este proceso supone el primer concurso público desde 1967, cuando se adjudicaron los pliegos aún vigentes. El objetivo municipal es claro: revitalizar el Parque de Atracciones para que recupere fuerza como polo turístico y de diversión, en un contexto donde la competencia por el ocio familiar en Madrid es cada vez mayor.
El tiovivo de 1927, fabricado en Francia y adquirido por el parque en 1968, se convierte en símbolo de esta nueva etapa. Su estructura de madera, trabajada a mano por artesanos y protegida bajo una gran pérgola, representa el equilibrio entre memoria y futuro. El pliego de condiciones blinda su conservación, reconociendo su valor arquitectónico y su papel como testigo del ocio madrileño durante generaciones.
La apuesta por la accesibilidad y la modernización no es un caso aislado en la ciudad. Madrid ya ha impulsado otros proyectos de transformación urbana, como el parque sobre la M-30 que conectará barrios y cambiará el paisaje en Ventas, tal y como se informó recientemente. La ciudad vuelve a ajustar su ritmo para responder a las nuevas demandas de quienes la viven y la visitan.
El Parque de Atracciones es mucho más que un recinto de ocio: es un referente sentimental para varias generaciones de madrileños y visitantes. Situado en la Casa de Campo, ha sido testigo de la evolución de la ciudad y de los cambios en la forma de disfrutar el tiempo libre. Su capacidad para reinventarse, sin perder de vista su historia, será clave para que siga siendo un punto de encuentro y diversión en el Madrid que viene.