El golpe llegó casi sin tiempo para reaccionar: la Real Sociedad marcó el gol más rápido en la historia de una final copera a los 14 segundos, con un cabezazo de Ander Barrenetxea. El Atlético respondió pronto con un tanto de Ademola Lookman, devolviendo el equilibrio a un inicio eléctrico.
Antes del descanso, Mikel Oyarzabal volvió a adelantar al conjunto vasco desde el punto de penalti. En la segunda parte, el Atlético dio un paso adelante y encontró el empate con un gol de gran nivel de Julián Álvarez desde la frontal, manteniendo viva la esperanza rojiblanca.
La prórroga dejó más desgaste que ocasiones claras, llevando el desenlace a una tanda de penaltis donde apareció el portero Unai Marrero. Sus paradas resultaron decisivas para inclinar la final, que se cerró con el lanzamiento definitivo de Pablo Marín.
Para el equipo de Diego Simeone, la derrota supone un golpe en una temporada en la que sigue compitiendo en la élite. Ahora, el foco se desplaza a la UEFA Champions League, donde el Atlético afronta unas semifinales exigentes en los próximos días.
Un partido así se vive más allá del estadio: bares llenos, calles con ambiente y conversaciones que duran días. La derrota deja un sabor amargo entre los aficionados, pero también mantiene viva la expectativa por lo que viene en Europa. En el día a día, el fútbol sigue marcando el ritmo social de muchos barrios, donde cada resultado se convierte en tema central.