Los puntos más sensibles serán la Plaza de Cibeles y la plaza de Lima, junto al Santiago Bernabéu. En Cibeles está prevista la gran misa del domingo 7 de junio, mientras que Lima acogerá la vigilia juvenil del sábado 6. Las previsiones municipales apuntan a concentraciones masivas, con hasta 1,5 millones de personas en Cibeles y unas 500.000 en Lima.
Los cortes totales empezarán antes de los actos principales. La plaza de Lima quedará cerrada al tráfico el 3 de junio y Cibeles, el 4. A partir de ahí, circular por Castellana y Recoletos exigirá paciencia, rutas alternativas y más planificación de la habitual. El Ayuntamiento recomienda evitar la zona siempre que sea posible y utilizar la M-30 u otros ejes como Bravo Murillo, Joaquín Costa, Francisco Silvela, Serrano o Velázquez.
El transporte público será la gran apuesta para absorber el impacto. Entre el 3 y el 9 de junio, los autobuses de la EMT y Bicimad serán gratuitos. La EMT reforzará el servicio con 184 autobuses adicionales, aunque muchas líneas también tendrán desvíos por los cortes. Los taxis podrán operar sin descanso obligatorio los días 6 y 7 de junio para aumentar la oferta durante el fin de semana más intenso.
También se habilitarán aparcamientos periféricos para reducir la entrada de vehículos al centro. Habrá espacios en IFEMA, Valdebebas, Ciudad Universitaria, Casa de Campo, Caja Mágica y Planetario-Méndez Álvaro, con lanzaderas hacia las zonas de mayor afluencia. La idea es que quienes lleguen desde fuera de Madrid no intenten acceder directamente a Cibeles o al entorno del Bernabéu.
El dispositivo no será solo de movilidad. El Ayuntamiento prevé más de 4.000 policías, 1.000 sanitarios, baños portátiles, contenedores especiales y formación en primeros auxilios para miles de voluntarios. Además, se abrirán polideportivos municipales para alojar peregrinos y evitar acampadas improvisadas en Cibeles o El Retiro.
El impacto llegará también a empresas, residentes y comercios. El Consistorio ha pedido facilitar teletrabajo y horarios flexibles durante los días más complicados, y los empleados municipales podrán trabajar en remoto. Los vecinos de las zonas afectadas podrán acceder a sus viviendas, pero con restricciones y siempre sujetos a los filtros de seguridad de cada momento.
Madrid ya está acostumbrada a grandes eventos, pero esta visita obligará a reorganizar una parte esencial de la ciudad durante varios días. No se trata solo de una misa o una vigilia: es una operación urbana que tocará tráfico, transporte público, horarios laborales, turismo, seguridad y vida vecinal en pleno corazón de la capital.