Hasta el 25 de enero, Riki Blanco transforma la espera cotidiana en un espacio para la reflexión. A través de dibujos, textos breves e imágenes visuales, explora escenas habituales —colas, pausas, silencios, momentos «muertos»— y las convierte en historias llenas de sentido.
Las obras de Blanco se mueven entre el grafismo y la literatura, creando un diálogo entre la imagen y la palabra. Los visitantes se encuentran con momentos de paciencia, incertidumbre y resignación, pero también de reflexión y anticipación, descubriendo una lectura personal en cada obra.
La exposición, creada especialmente para el espacio Matadero, refleja el ritmo de la vida contemporánea y la relación del ser humano con el tiempo. Combina un lenguaje accesible, una estética lacónica y un humor sutil, lo que hace que la obra de Blanco sea cercana y comprensible para públicos diversos.