Las paradas suprimidas, situadas en Mare de Déu de Port y Cisell, eran utilizadas a diario por residentes que accedían a servicios esenciales. Según denuncian asociaciones vecinales, daban cobertura a escuelas, una guardería, un centro sociosanitario, un centro ocupacional y el campo de fútbol del barrio.
El malestar crece entre quienes ahora deben recorrer mayores distancias para coger el autobús, en algunos casos por calles poco iluminadas. Los vecinos también cuestionan decisiones recientes, como la instalación de una plataforma accesible en una parada que ahora ha desaparecido.
Para muchos residentes, la línea V5 era la única conexión directa con otras zonas de la ciudad. Aunque existen alternativas en el paseo de la Zona Franca, consideran que la parte más antigua del barrio queda prácticamente aislada y con opciones menos cómodas.
La propuesta vecinal pasa por recuperar el recorrido anterior y extenderlo sin eliminar paradas. Desde TMB, en cambio, defienden que el nuevo trazado mantiene la cobertura y recuerdan que el acceso al servicio sigue siendo posible desde otras vías cercanas. También admiten problemas de saturación en horas punta y confían en reforzar la frecuencia.
El conflicto reabre el debate sobre cómo planificar el transporte en barrios periféricos. En zonas como La Marina de Port, donde la oferta es limitada, cualquier cambio tiene un impacto directo en la movilidad y en la calidad de vida de quienes dependen del transporte público a diario.