Un olivo cultivado en España será enviado al almacén de semillas más seguro del mundo. El objetivo: preservar su legado ante cualquier catástrofe global. La expedición científica parte este mes. El proyecto busca garantizar alimentos en el futuro.
En un momento en que la seguridad alimentaria preocupa a muchas familias de Barcelona, un olivo español se prepara para un viaje insólito: sus semillas serán depositadas en el corazón helado del Ártico. La expedición, liderada por científicos españoles, tiene como meta proteger este símbolo mediterráneo ante cualquier amenaza global.
El 25 de febrero, las primeras semillas de olivo partirán rumbo a la isla de Svalbard, en Noruega. Allí, a 130 metros bajo tierra y rodeado de hielo perpetuo, se encuentra el almacén de semillas más seguro del planeta. Sus muros de hormigón, de un metro de grosor, están diseñados para resistir terremotos y hasta ataques nucleares.
En el interior, la temperatura se mantiene constante a -18 °C. Este entorno extremo permite conservar más de 1,38 millones de semillas de 6.500 especies vegetales de todo el mundo. El olivo español se sumará así a una colección que podría ser clave para alimentar a la humanidad si alguna vez ocurre una catástrofe global.
La iniciativa, impulsada por el gobierno noruego desde 2008, busca garantizar que, pase lo que pase, siempre existan reservas de las plantas más esenciales para la vida. Para quienes vivimos en ciudades como Barcelona, donde el aceite de oliva es parte de la cultura y la dieta diaria, este gesto tiene un valor especial: asegura que el legado agrícola mediterráneo no se pierda, incluso en los peores escenarios.
El almacén de semillas de Svalbard, conocido como la «bóveda del fin del mundo», es mucho más que un simple depósito. Su ubicación remota y su diseño lo convierten en un refugio casi impenetrable para la biodiversidad agrícola. Solo en contadas ocasiones se han retirado semillas, siempre por motivos de fuerza mayor. Este proyecto internacional refleja la importancia de proteger el patrimonio genético de los cultivos, una tarea que cobra sentido en un contexto de cambio climático y crisis alimentarias recurrentes.