Los paros están previstos para los días 20, 23, 27 y 28 de junio, y también para el 4 y 5 de julio. Son fechas especialmente sensibles porque coinciden con el arranque fuerte de las vacaciones, escapadas de fin de semana y movimientos masivos de pasajeros en uno de los aeropuertos con más tráfico de España.
La protesta la impulsan trabajadores de EFS Mantenimiento y Servicios Técnicos SLU, la empresa que presta este servicio en el aeropuerto. Denuncian que la plantilla actual, formada por 86 personas, no es suficiente para absorber el volumen de operaciones previsto durante la temporada alta.
Su reclamación principal es incorporar al menos 18 trabajadores más. Según el personal, sin ese refuerzo será difícil mantener la fluidez habitual en los embarques y desembarques, especialmente en momentos de concentración de vuelos o retrasos acumulados.
Los fingers son una parte poco visible del viaje, pero clave para que todo funcione. Cuando estas pasarelas no están disponibles o no se gestionan con rapidez, los pasajeros pueden acabar embarcando por otros sistemas, esperar más tiempo en puerta o sufrir cambios de operativa que retrasan la salida del avión.
El impacto dependerá de los servicios mínimos y de si empresa y trabajadores alcanzan un acuerdo antes de las fechas marcadas. Aun así, la convocatoria llega en un momento delicado para El Prat, cuando cualquier incidencia puede multiplicarse por el alto número de vuelos y pasajeros.
Para quienes tengan billetes en esos días, la recomendación es revisar el estado del vuelo antes de salir hacia el aeropuerto, llegar con más margen del habitual y estar atentos a posibles cambios de puerta o avisos de la aerolínea. El problema no afecta solo a quien viaja por vacaciones: también puede alterar conexiones, viajes de trabajo y llegadas de turistas a Barcelona.
La huelga recuerda hasta qué punto el funcionamiento de un aeropuerto depende de tareas que casi nunca se ven. En El Prat, los fingers son una pieza más de una maquinaria enorme, pero si fallan o trabajan bajo mínimos, el efecto puede sentirse en las colas, en los embarques y en la puntualidad de todo el día.