La polémica afecta ya a una treintena de supermercados de la ciudad. En estos espacios, los clientes pueden calentar productos comprados en el propio establecimiento y consumirlos en una zona habilitada, una práctica que encaja con los nuevos hábitos de comida rápida, pero que incomoda cada vez más al sector hostelero.
El Gremi de Restauració de Barcelona considera que estas áreas no son simples zonas de descanso. A su juicio, funcionan en la práctica como una alternativa a bares y restaurantes, pero sin asumir las mismas obligaciones, costes y requisitos que tiene un local de hostelería tradicional.
La crítica no se limita a los microondas. Los restauradores también señalan la expansión de panaderías dentro de supermercados, con espacios para sentarse y consumir productos recién horneados. Ven en ese modelo una competencia difícil de combatir, sobre todo para pequeños negocios de barrio que ya soportan alquileres, personal, licencias y subida de costes.
La cuestión de fondo es dónde termina la venta de alimentación y dónde empieza una actividad parecida a la restauración. Para el sector, si un establecimiento permite calentar y consumir comida en sus instalaciones, debería aclararse si cumple con todas las exigencias sanitarias y normativas aplicables a quienes sirven alimentos para consumo inmediato.
Mercadona defiende que estos espacios están pensados para mejorar la experiencia del cliente y ofrecer una zona de descanso durante la compra. La compañía no presenta el servicio como un restaurante, sino como una facilidad añadida para quienes adquieren productos preparados en sus tiendas.
El debate conecta con un cambio muy visible en la forma de comer en la ciudad. Cada vez más personas buscan soluciones rápidas, económicas y flexibles entre el trabajo, los estudios, los desplazamientos y las rutinas familiares. Los supermercados han detectado esa demanda y han ampliado su oferta de platos listos para consumir.
La controversia deja una pregunta incómoda para Barcelona: si el supermercado empieza a parecerse cada vez más a una cafetería, ¿qué reglas deben aplicarse? La respuesta puede afectar tanto a la comodidad del consumidor como al futuro de bares, panaderías y restaurantes que sostienen buena parte de la vida cotidiana de los barrios.