La medida más llamativa será la prohibición de instalar casetas ambulantes de venta de petardos en los días previos a la fiesta. Es la primera vez que el municipio aplica una restricción de este tipo, con el objetivo de reducir el uso de pirotecnia y minimizar el riesgo de quemaduras, incendios y accidentes durante la noche.
El contexto pesa mucho en la decisión. La previsión de temperaturas elevadas, con valores que pueden rondar los 36 grados, y el riesgo de incendios han llevado a los ayuntamientos metropolitanos a extremar la prudencia. Sant Joan seguirá siendo una fiesta, pero este año llega con más controles que en otras ediciones.
Castelldefels desplegará además un operativo de seguridad reforzado con más de 200 efectivos entre Policía Local, Mossos d’Esquadra y seguridad privada. La vigilancia se concentrará especialmente en puntos sensibles, como la plaza de las Palmeras, donde el año pasado se registraron altercados y actos vandálicos.
El Ayuntamiento quiere evitar que se repitan escenas de tensión, lanzamiento de objetos, daños en mobiliario urbano o pequeños incendios provocados por un uso irresponsable de la pirotecnia. La combinación de mucha gente en la calle, calor acumulado y material inflamable obliga a actuar antes de que aparezcan los incidentes.
Otros municipios del área metropolitana también han empezado a mover ficha. L’Hospitalet reforzará la presencia policial para impedir barbacoas en la vía pública, una práctica que ya generó problemas en la última verbena y que este año preocupa todavía más por las condiciones meteorológicas.
Sant Boi, Gavà y Viladecans han intensificado los mensajes de precaución a la ciudadanía. La recomendación común es evitar cualquier conducta que pueda provocar fuego, usar la pirotecnia con cuidado y respetar las restricciones en zonas cercanas a vegetación, parques o áreas forestales.
El Área Metropolitana de Barcelona también trabaja desde hace semanas en tareas de prevención en entornos forestales próximos a zonas residenciales, con actuaciones en municipios como Sant Cugat, Gavà y Torrelles de Llobregat. La verbena se vive en la playa y en la calle, pero el riesgo también está en los espacios naturales más cercanos.
Sant Joan seguirá llenando la noche de hogueras, música y petardos, pero el cambio climático está modificando la forma de organizar la fiesta. En municipios como Castelldefels, la prioridad ya no es solo gestionar grandes concentraciones de personas, sino hacerlo en un escenario de calor más intenso, vegetación más vulnerable y menos margen para improvisar.