¿Puede una obra sobre feminismo quedarse fuera de las redes sociales por decirlo abiertamente? Eso es justo lo que le ha ocurrido al Teatre Raval de Barcelona, que ha visto cómo Meta bloqueaba la promoción de su espectáculo «Una habitación propia» en Facebook e Instagram.
La razón no tiene mucho misterio: el algoritmo de Meta detectó en el anuncio referencias a feminismo y derechos civiles, y decidió que eso era «temática social». Resultado: publicidad vetada, a menos que el teatro eliminara esas palabras clave del texto.
Un bloqueo inesperado para el Teatre Raval
El equipo del Teatre Raval se encontró con la sorpresa al intentar difundir su versión de la célebre obra de Virginia Woolf. La plataforma les comunicó que el contenido no podía publicitarse tal como estaba, por tratarse de un mensaje que podía interpretarse como activismo.
Meta fue clara: si querían que el anuncio llegara al público, debían eliminar cualquier término que sonara a reivindicación social. Es decir, fuera feminismo, fuera derechos civiles. Una paradoja, teniendo en cuenta que la obra gira precisamente en torno a esos temas.
¿Qué considera Meta «temática social»?
La política de Meta sobre anuncios es conocida por su rigidez cuando detecta palabras asociadas a movimientos sociales o políticos. En este caso, la mención explícita al feminismo bastó para activar el filtro automático y bloquear la campaña.
El teatro recibió la sugerencia de modificar el texto, eliminando los términos señalados, para que el anuncio no pareciera un llamamiento al activismo. Una solución que, en la práctica, supondría vaciar de sentido la promoción de una obra que precisamente busca poner el foco en esos debates.
El dilema de la visibilidad cultural
Para los espacios culturales de Barcelona, este tipo de restricciones plantea un dilema: ¿cómo promocionar propuestas con contenido social si las plataformas penalizan su visibilidad? El caso del Teatre Raval ilustra hasta qué punto los algoritmos pueden condicionar la difusión de obras que abordan temas incómodos para los filtros automáticos.
En un contexto donde la conversación sobre derechos y feminismo sigue siendo relevante, que una obra como «Una habitación propia» se vea obligada a camuflar su mensaje para poder anunciarse en redes sociales resulta, como mínimo, irónico. La cultura no debería tener que disfrazar sus palabras para llegar al público, y este episodio deja claro que los algoritmos de Meta siguen marcando los límites de lo que se puede decir —y promocionar— en el escaparate digital.