El tramo interrumpido entre Parets del Vallès y La Garriga, previsto hasta 2027, ha cambiado por completo la rutina de los viajeros. Aunque el tren sigue funcionando parcialmente, la falta de fiabilidad y los constantes retrasos han hecho que muchos prefieran un trayecto más largo pero más previsible.
La experiencia de viaje se ha vuelto más compleja. Desde Barcelona, los usuarios deben combinar tren y autobús, con esperas prolongadas y recorridos menos directos. La falta de información clara y los desajustes horarios agravan la sensación de incertidumbre.
En estaciones como La Garriga, la caída de pasajeros es evidente. Los trenes circulan casi vacíos y la actividad se ha reducido al mínimo, reflejando el impacto directo de las obras en la vida diaria de la zona.
El problema estructural persiste: la R3 sigue siendo una de las pocas líneas con vía única en gran parte de su recorrido, lo que multiplica los retrasos y limita la frecuencia del servicio.
Mientras tanto, muchos usuarios han asumido el cambio como parte de su día a día, adaptándose a trayectos más largos y menos cómodos.
En una línea clave para la movilidad entre comarcas, la situación actual evidencia el coste de años de infrafinanciación y retrasos, con una normalidad que no se espera recuperar antes de 2027.