El objetivo es analizar cómo implantar una vía cuádruple entre Castelldefels y El Prat de Llobregat, un tramo de unos 14 kilómetros que hoy funciona con solo dos vías. Por ahí circulan trenes de Rodalies y servicios regionales, una mezcla que limita frecuencias, complica la recuperación ante incidencias y deja poco margen cuando la demanda crece.
La actuación forma parte del Plan Transformem Rodalies y busca preparar la red para una movilidad más intensa en el área metropolitana. Adif ya había iniciado en 2024 el proceso para contratar los proyectos básico y de construcción de dos nuevas vías entre Castelldefels y El Prat, con una licitación superior a los 4 millones de euros.
El corredor sur es especialmente sensible porque conecta Barcelona con el Baix Llobregat, el Garraf y el Camp de Tarragona. Cualquier problema en este eje se nota rápido en la R2 Sud y en los servicios regionales, como ha ocurrido recientemente con las obras en los túneles del Garraf, que obligaron a recortar frecuencias y reforzar alternativas por carretera.
La ampliación no significa que las obras vayan a empezar de inmediato. Ahora se trata de estudiar soluciones, encaje técnico, impacto territorial y capacidad real de integración con la llegada a Sants. En una infraestructura tan cargada, cada nueva vía implica resolver cruces, estaciones, accesos, seguridad y compatibilidad con los servicios existentes.
El Ministerio presentó en enero un nuevo Plan de Rodalies 2020-2030 con 1.841 millones de euros en obras, pensado para adaptar la red catalana a las necesidades actuales de movilidad. La ampliación del acceso sur encaja dentro de esa lógica: no solo reparar incidencias, sino ganar capacidad donde el sistema lleva años funcionando al límite.
Para los usuarios, la promesa es fácil de entender: más vías deberían permitir más trenes, menos interferencias entre Rodalies y regionales y una red menos frágil cuando algo falla. Pero el camino será largo. Rodalies necesita obras que se noten en el día a día, y esta es una de las más importantes porque toca un punto donde miles de trayectos entran y salen de Barcelona cada semana.
Si la ampliación avanza, Castelldefels, Gavà, Viladecans, El Prat y Barcelona podrían ganar una conexión ferroviaria más fiable. No sería solo una mejora técnica: en un área metropolitana donde el coche sigue pesando demasiado, reforzar este corredor puede cambiar la forma de moverse hacia el sur, aliviar la presión sobre la C-31 y la C-32 y dar a Rodalies algo que sus usuarios llevan años pidiendo: capacidad suficiente para funcionar sin vivir siempre al borde del colapso.