El depósito durará diez años y cinco de las piezas nunca vistas ya se exhiben
Sobre un fondo marrón, dos figuras blancas y sinuosas se besan. De un círculo amarillo salen líneas negras que apuntan a un verso: «la suerte de amar a mi morena». Es Pintura-poema (Bonheur d’aimer ma brune), un óleo sobre tela de 1925 que lleva a la Fundación Miró una etapa experimental del artista.
La obra forma parte de un depósito de 37 piezas de la colección de Kazumasa Katsuta, que permanecerán diez años en el museo barcelonés. De ellas, seis nunca se habían visto en España y cinco ya están incorporadas al recorrido expositivo.
Una colección reunida durante décadas
Katsuta, de 87 años, es uno de los grandes coleccionistas asiáticos de Joan Miró y patrón de la Fundación desde 1999. El acuerdo se gestó durante los últimos dos años. En representación de su padre viajaron a Barcelona sus hijos Akiko y Toshiya.
Akiko explicó que su padre siente pasión por Miró desde hace muchos años y que reunió una de las colecciones privadas más importantes de obras del artista. También dijo que quiso trasladarlas a la Fundación porque considera que el propio Miró habría querido que estuvieran allí. Japón, de donde llegó Akiko, fascinó al pintor.
Seis obras inéditas en España
Entre las piezas que no se habían mostrado aquí está El cielo entreabierto nos devuelve la esperanza, de 1954. La especialista en Miró Teresa Montaner la relaciona con la carpeta Círculos, incorporada recientemente a la colección permanente, y con el interés del artista por la astronomía.
El préstamo de Mujer, pájaro II (1973) completa el tríptico del que la Fundación ya tenía Mujer, pájaro I y Mujer, pájaro III. También se puede ver por primera vez Paisaje en la noche (1966-1974), homenaje a su maestro Modest Urgell. Otra de las obras es Canción sobre fondo blanco (1966).
El conjunto recorre distintas etapas y técnicas. Incluye esculturas como Monumento a la maternidad (1962) y Torso de mujer (1967), además de la pieza de barro Arquitectura (1962). Ocho obras sobre papel aún no se exponen porque, según Montaner, ese material admite tiempos de exposición más limitados.
Una nueva capa para el recorrido
Las piezas se han integrado en los ejes expositivos actuales, bajo los epígrafes de Abierto y Cerrado y Ritmo. Para Montaner, el depósito también impulsa a «seguir investigando» la obra mironiana. Dos de las obras formarán parte de la exposición que prepara para otoño de 2027 sobre los trabajos de Miró en masonite, un conglomerado de madera; el artista hizo al menos cincuenta.
Pintura-poema (Bonheur d’aimer ma brune) ocupa un lugar especial porque, hasta ahora, la Fundación no tenía ninguna obra con la traza caligráfica de Miró. La pieza corresponde a un momento de acercamiento a la poesía y al amor, tras su regreso de París en 1925, donde conoció el surrealismo y celebró una exposición individual en la Galerie Pierre.
La presentación coincidió con la llegada de Maribel López a la dirección. En su intervención llamó Arco a la Fundación, un lapsus relacionado con su anterior liderazgo de la feria madrileña; antes de acabar el año presentará las principales líneas de su mandato. La presidenta del patronato, Sara Puig, destacó también la colaboración de Rosa Maria Malet, directora durante treinta años y miembro de la Fundación, y de Jaume Freixa, patrón emérito.
La familia Miró sigue siendo el mayor depositario de la Fundación, con 139 obras, sin contar documentos y libros. En otra cita de la vida cultural barcelonesa, el Museu Marítim reunió a 4.517 personas de 120 países en un encuentro internacional.