Desde finales de marzo hasta el 6 de abril, están programados más de 11.000 vuelos en el aeropuerto. En paralelo, los trabajadores de Groundforce mantienen paros indefinidos tres días a la Semana Santa — lunes, miércoles y viernes — en horarios especialmente sensibles: madrugada, mediodía y noche.A esta situación se suma la huelga en Menzies Aviation, convocada en varias fechas concretas entre el 28 de marzo y el 6 de abril. El sindicato UGT denuncia problemas organizativos que podrían impactar directamente en la operativa diaria del aeropuerto.
Pese a ello, Aena asegura que el impacto será limitado y que la programación se mantiene similar a la del año pasado. Aun así, el contexto genera incertidumbre, especialmente en los días con mayor volumen de operaciones.El pico de actividad se espera en torno al 5 de abril, cuando el tráfico aéreo alcanzará uno de sus niveles más altos. En estas fechas, el aeropuerto de Barcelona se sitúa entre los más transitados del país, solo por detrás de Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.
Más allá de los datos, la situación vuelve a poner en evidencia lo sensible que es la movilidad en momentos de alta demanda. En una ciudad como Barcelona, donde el aeropuerto forma parte del ritmo cotidiano — desde escapadas hasta turismo y viajes laborales—, cualquier alteración en su funcionamiento impacta de forma directa en la experiencia de quienes viajan y en la actividad económica que depende de ello.
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