El modelo cambia considerablemente de un evento a otro. En Gràcia, el vaso puede devolverse en los puntos de venta para recuperar el importe, con un máximo de cinco devoluciones por persona y día. La organización permite además acudir con un vaso propio y justifica el formato de 330 mililitros como una medida para moderar el consumo de alcohol.
En Sants también se utiliza un sistema de depósito: comprar el vaso en la barra cuesta un euro y este puede retornarse. El problema aparece cuando el final de una noche concentra a miles de personas, hay que localizar el lugar de devolución o esperar otra cola. Para algunos asistentes, perder uno o dos euros termina resultando más sencillo que recuperar el depósito, y el vaso acaba viajando a casa.
Los grandes festivales tampoco siguen una única fórmula. Primavera Sound asegura que en su edición de 2026 puso en circulación cerca de 600.000 vasos y recuperó alrededor del 70%. Sin embargo, los recogidos no vuelven a utilizarse como vasos: son enviados por el fabricante a una empresa que transforma el polipropileno en material para fabricar otros productos, como cajas de fruta.
Pride Barcelona utiliza otro modelo. Su vaso de 400 mililitros no es retornable y la organización entrega uno limpio con cada nueva consumición; después los recipientes son lavados para volver a utilizarse durante su vida útil y finalmente se reciclan. El festival permite además que el público lleve desde casa un vaso de plástico de 40 centilitros.
Otros eventos sí han reforzado el incentivo económico para que el recipiente vuelva. Sónar cobró este año una fianza de dos euros y entregaba un token que debía devolverse junto al vaso para recuperar el dinero. Cruïlla utilizó también depósitos de dos euros, cuatro puntos fijos de devolución y diez equipos móviles que recogían recipientes por el recinto y reembolsaban inmediatamente el importe mediante la pulsera del festival.
La normativa tampoco dice exactamente que todos los vasos reutilizables tengan que llevar un depósito. Desde julio de 2023, los promotores de eventos deben ofrecer alternativas a los vasos y envases de un solo uso. Si optan por un sistema reutilizable tienen que cumplir los requisitos establecidos para la reutilización y, cuando cobran expresamente una fianza para garantizar que el vaso regrese, deben disponer de un mecanismo que permita devolverlo y recuperar ese dinero.
Por eso, el debate no puede reducirse a si el vaso es de plástico o lleva impreso el nombre de una fiesta. La clave ambiental está en cuántas veces vuelve a utilizarse, cuántos recipientes regresan realmente al sistema y qué ocurre con ellos después. Barcelona termina otro verano con modelos muy diferentes funcionando simultáneamente y con una pregunta cada vez más visible entre los asistentes: cuándo un vaso reutilizable es realmente reutilizado y cuándo acaba convertido simplemente en otro recuerdo del festival.