Estos conductores suelen acercarse a los pasajeros en las zonas de llegadas, antes de que alcancen la parada oficial de taxis. Les ofrecen llevarlos de inmediato hasta Barcelona, un hotel o cualquier otro destino, normalmente con un precio pactado de palabra y sin pasar por el sistema regulado.
La captación resulta especialmente efectiva entre turistas cansados, cargados con maletas o desorientados después del vuelo. Algunos desconocen dónde se encuentra la cola oficial, mientras que otros aceptan la propuesta para evitar esperas sin saber que están contratando un servicio irregular.
Bajo la etiqueta de ‘taxi pirata’ aparecen situaciones distintas. Hay particulares que transportan viajeros sin autorización, pero también conductores vinculados a vehículos con licencia que captan clientes fuera de los canales permitidos, negocian el importe directamente o realizan servicios sin respetar las condiciones establecidas.
El riesgo para el usuario va más allá de pagar una tarifa elevada. Al no quedar el trayecto registrado como un servicio ordinario, resulta mucho más difícil reclamar por cobros abusivos, objetos olvidados, cambios de ruta o cualquier incidente ocurrido durante el viaje.
Los Mossos d’Esquadra han intensificado la vigilancia para detectar estas prácticas, que se concentran sobre todo en los vestíbulos y accesos de las terminales. Los controles buscan identificar tanto a quienes captan viajeros dentro del aeropuerto como a los vehículos utilizados para completar los trayectos.
El problema se arrastra desde hace años y ha provocado protestas y enfrentamientos con el sector del taxi. Los profesionales con licencia denuncian competencia desleal y advierten de que la presencia de captadores también genera confusión entre los pasajeros, especialmente en los momentos de mayor llegada de vuelos.
Quienes necesiten un taxi deben dirigirse a las paradas señalizadas de la T1 o la T2 y evitar ofertas realizadas dentro de la terminal. Los vehículos oficiales de Barcelona son negros y amarillos, llevan taxímetro y deben aplicar las tarifas reguladas, incluidos los suplementos correspondientes al aeropuerto.
La escena se repite entre maletas, carteles de bienvenida y viajeros que buscan una salida rápida de El Prat. La clave está en no aceptar el primer ofrecimiento: unos minutos hasta la parada oficial pueden evitar un trayecto sin garantías y una llegada a Barcelona mucho más cara de lo previsto.