El nuevo espacio, de unos 10.000 metros cuadrados, reúne puestos de alimentación, un supermercado y servicios complementarios como aparcamiento. El cambio no es solo físico: el ambiente es más dinámico y las colas en muchas paradas reflejan el aumento de la actividad desde los primeros días.
Uno de los grandes cambios está en la oferta. Muchos comerciantes han incorporado comida preparada y opciones listas para consumir, adaptándose a un ritmo de vida con menos tiempo para cocinar. Productos como croquetas, empanadas o platos pensados para airfryer se han vuelto habituales y conectan especialmente con nuevos perfiles de clientes.
El horario también ha influido en el regreso del público. La apertura dos tardes a la semana facilita las compras fuera del horario laboral y ha contribuido a recuperar parte del flujo que el mercado había perdido en los últimos años.
Los vendedores coinciden en que las ventas han mejorado, aunque la adaptación al nuevo formato ha requerido inversión y cambios en la forma de trabajar. Aun así, el balance inicial es positivo y el flujo de visitantes se mantiene estable.
El mercado vuelve a funcionar como punto de compra diario y espacio de encuentro, con una oferta más adaptada a los hábitos actuales. La nueva etapa consolida el papel del Mercat de Montserrat como eje comercial del distrito.