La actuación forma parte del plan de accesibilidad impulsado por la Generalitat para adaptar toda la red metropolitana. Hasta ahora, tanto la estación de Rodalies como la L2 ya eran accesibles, pero quedaban pendientes varios puntos clave en la L1 y en los recorridos internos del intercambiador, donde los cambios de nivel seguían siendo incómodos o directamente imposibles para algunos usuarios.
La reforma ha incluido la instalación de cinco ascensores, la ampliación del vestíbulo de la L1 y la reorganización de los pasillos interiores para mejorar la circulación. También se han renovado acabados, instalaciones y pavimentos táctiles para personas con discapacidad visual. La inversión supera los 8 millones de euros y busca reducir uno de los grandes puntos débiles históricos del intercambiador.
Aun así, las obras todavía no están completamente terminadas. Quedan pendientes dos ascensores más que conectarán directamente los andenes de la L1 y la L2, una actuación prevista antes del primer trimestre de 2026. Hasta entonces, algunos recorridos seguirán requiriendo trayectos más largos dentro de la estación.
En horas punta, Clot funciona como una pequeña ciudad subterránea. Por aquí pasan cada día miles de personas que combinan Metro y Rodalies para desplazarse entre Sant Martí, el centro de Barcelona y el área metropolitana. Cualquier mejora en los accesos acaba teniendo impacto directo en la movilidad diaria y en la fluidez de los transbordos.
La modernización de Clot encaja además en un objetivo más amplio: adaptar completamente la red de Metro para personas con movilidad reducida. Barcelona lleva años acelerando este tipo de reformas en estaciones antiguas, donde muchas infraestructuras fueron diseñadas décadas antes de que la accesibilidad se convirtiera en una prioridad urbana.