El corte ha obligado a interrumpir la circulación en toda la línea, una de las conexiones clave entre Barcelona, el Vallès Oriental, Osona y el Ripollès. La incidencia ha llegado en una jornada festiva, con muchos desplazamientos de regreso tras la verbena y otros viajes de ocio propios del 24 de junio.
El fuego se ha declarado junto al entorno ferroviario y ha afectado al sistema de regulación del tráfico de trenes. Por seguridad, la circulación quedó suspendida mientras los equipos de emergencia trabajaban en la zona y los técnicos revisaban el estado de la infraestructura.
Renfe ha derivado a los viajeros al servicio alternativo por carretera ya previsto para la R3, con autobuses entre Fabra i Puig y Puigcerdà/La Tor de Querol. Aun así, el cambio ha supuesto más tiempo de viaje, esperas y una mañana especialmente incómoda para quienes dependían del tren.
La línea ha recuperado la circulación hacia las 19:00 horas, una vez extinguido el incendio y comprobadas las condiciones de seguridad. El restablecimiento no evitó que muchos usuarios arrastraran retrasos y cambios de ruta durante buena parte del día.
La incidencia se suma a una semana especialmente difícil para la R3. La línea ya había sufrido afectaciones por robos de cable y problemas de infraestructura, una situación que vuelve a poner el foco en la fragilidad de una red que acumula obras, averías y cortes recurrentes.
El incendio de Granollers no fue el único problema ferroviario de la jornada. Sant Joan también dejó incidencias en otras líneas de Rodalies y afectaciones puntuales en la alta velocidad, convirtiendo el festivo en un día complicado para moverse en tren por Catalunya.
Para los viajeros, el episodio ha vuelto a mostrar una realidad conocida: cuando la R3 se detiene, el impacto va mucho más allá de una estación concreta. Municipios enteros del corredor quedan pendientes de autobuses, avisos de última hora y trayectos mucho más largos de lo habitual.
La jornada deja una imagen poco festiva de Sant Joan en el transporte público. Mientras las playas y las calles recuperaban la normalidad tras la verbena, muchos usuarios de Rodalies han tenido que resolver su día entre retrasos, buses alternativos y la sensación de que cualquier incidencia puede desordenar por completo la movilidad metropolitana.