A partir del 14 de marzo, el túnel ferroviario de Rubí permanecerá cerrado casi dos meses por obras urgentes de refuerzo tras detectar graves grietas y deformaciones en la bóveda (más de 30 sensores superaron los límites de seguridad). No hay riesgo de colapso inmediato, pero el tráfico de mercancías por tren quedará interrumpido por completo.
Este tramo es clave para conectar los puertos de Barcelona y Tarragona con Europa: el ferrocarril mueve más de 220.000 contenedores y cerca de 300.000 vehículos al año desde el Puerto de Barcelona (12 % de contenedores y 45 % de vehículos). Su cierre genera un cuello de botella sin precedentes en la logística regional.
Las alternativas son limitadas: trenes de ancho ibérico por Montcada-Manresa-Lleida (con restricciones de carga y longitud) y trenes de ancho internacional desviados por la terminal de La Llagosta. Gran parte de la mercancía no podrá ir por carretera (AP-7 ya saturada con 25.000 camiones diarios) debido a peso, dimensiones o costes de combustible disparados.
El sector logístico y las patronales catalanas alertan del grave impacto en la competitividad y la economía regional. Este nuevo corte pone de manifiesto la urgencia de inversiones en infraestructuras y planes de contingencia para evitar bloqueos recurrentes en la cadena de suministro. Un cierre que afectará a empresas, transportistas y precios en toda Cataluña: la fiabilidad del ferrocarril se juega estos dos meses.