En el metro, el contraste es inmediato. Dentro del vagón se agradece la climatización, pero al bajar a un andén subterráneo el ambiente puede volverse mucho más pesado. Los pasillos largos, las escaleras y las zonas con poca ventilación agravan una sensación térmica que muchos viajeros intentan combatir con abanicos o pequeños ventiladores portátiles.
Algunos usuarios están adaptando incluso sus rutinas. Las personas mayores y quienes toleran peor las altas temperaturas tienden a evitar las horas centrales del día, adelantan recados o retrasan desplazamientos para reducir el tiempo de exposición al calor. Cuando el trayecto obliga a encadenar varios transbordos, cada espera suma.
En las paradas de autobús la situación suele ser algo menos asfixiante, pero depende mucho de la sombra disponible. No siempre la marquesina protege del sol en todas las franjas del día, y una demora de varios minutos puede convertir una espera corta en una experiencia incómoda, especialmente en avenidas con poco arbolado.
Rodalies tampoco escapa al problema. Estaciones como Plaça Catalunya concentran grandes flujos de viajeros bajo tierra y el contraste con el aire acondicionado del tren puede ser acusado. Cuando además se producen retrasos o intervalos más largos, el malestar aumenta porque el tiempo de espera se prolonga en espacios cerrados.
TMB mantiene climatizada su flota, pero enfriar los andenes es mucho más complejo. El paso constante de los trenes mueve grandes volúmenes de aire y hace difícil mantener una temperatura estable, de modo que las soluciones ensayadas hasta ahora no han conseguido reproducir en las estaciones el confort que sí existe dentro de los vehículos.
En los trenes, el mantenimiento de la climatización cobra especial importancia durante los episodios extremos. La apertura continua de puertas, la entrada de aire caliente y las temperaturas exteriores muy elevadas reducen la eficacia de los equipos y pueden obligar a extremar las precauciones para proteger los sistemas.
El efecto se nota en una parte del trayecto que normalmente pasa desapercibida: la espera. Este verano, elegir una estación con menos transbordos, buscar una parada con sombra o salir media hora antes de que apriete el calor se ha convertido para muchos barceloneses en otra decisión más dentro de su recorrido diario.