Los gastos de vivienda elevan la tasa del 15 % al 28 % entre trabajadores que alquilan
Entre los trabajadores que alquilan, la tasa de pobreza pasa del 15 % al 28 % cuando se descuentan los gastos asociados a la vivienda. El alquiler pesa tanto en el presupuesto que cambia la situación económica de quienes tienen empleo.
En Catalunya, la tasa de pobreza laboral no llega al 8 %. Al sumar los costes de vivienda, alcanza el 13 %, según un informe de Oxfam. El empleo también es el tema de otro análisis laboral, aunque aquí la atención se centra en cuánto cuesta sostener un hogar.
El alquiler aprieta más que el sueldo
Raquel Checa, responsable de justicia socioeconómica de Oxfam Intermón, describe esta situación como una trampa para quienes viven de alquiler. La entidad reclama medidas de todas las administraciones que actúen directamente sobre el precio de los alquileres.
La pobreza laboral está aumentando en los últimos años, advierten las entidades que trabajan con población vulnerable. Hablan de personas con empleo y una vida aparentemente normal que, aun así, viven al límite.
Una habitación cara también puede traer pobreza energética
El acceso a la vivienda repercute también en la pobreza energética. Desiré Garcia, responsable del programa laboral y digital de Càritas Diocesana de Barcelona, señala la situación de quienes viven en habitaciones realquiladas a precios elevados.
Algunas personas están en condiciones de infravivienda y tienen horarios para acceder a ciertas zonas de la casa, como el baño. En ese contexto, afrontar los gastos de energía se suma a las dificultades de la vivienda.
Cuando hay que recortar, la comida va primero
Carme Casacuberta, presidenta de l’Associació Catalana dels Bancs dels Aliments, explica que la entidad intenta responder a una necesidad básica: la alimentación. El alquiler, la hipoteca y las facturas suelen pagarse primero; comer bien y mantener una dieta equilibrada queda entre los gastos que se recortan.
El cambio puede ser tan concreto como pasar de tres comidas al día a una, o comer carne una vez al mes en lugar de una vez a la semana.
Las tres entidades advierten de que una posible subida del salario mínimo interprofesional no resolvería por sí sola el problema si también aumentan necesidades básicas como la vivienda y la alimentación. Garcia describe unas condiciones precarias que hacen que la pobreza sea más sistémica que antes, cuando tener trabajo favorecía la inclusión.