La medida forma parte de un plan de resiliencia con el que la operadora quiere adaptar el servicio al aumento de las temperaturas. Los grandes ventanales, una de las características más reconocibles de los tranvías, facilitan la entrada directa del sol y pueden aumentar considerablemente la sensación de calor en el interior.
La solución que se estudia consiste en instalar láminas solares de control térmico sobre los cristales. Estos filtros permitirían limitar parte de la radiación sin eliminar la entrada de luz natural, reduciendo así el efecto invernadero que se produce dentro de los vehículos durante las horas de mayor exposición al sol.
El proyecto se encuentra todavía en una fase inicial. TRAM trabaja actualmente con un prototipo y, si los resultados son satisfactorios, prevé realizar próximamente pruebas piloto en algunos convoyes antes de decidir si la tecnología puede extenderse al conjunto de la flota.
La iniciativa complementaría los actuales sistemas de aire acondicionado. Al impedir que una parte del calor llegue directamente al interior, las láminas podrían ayudar a mantener una temperatura más estable y reducir el esfuerzo necesario para climatizar los vagones durante los episodios de calor más intenso.
El problema ha ganado importancia a medida que Barcelona encadena veranos con temperaturas cada vez más elevadas. La climatización se ha convertido en uno de los elementos más sensibles del transporte público, especialmente en vehículos y estaciones expuestos durante muchas horas a la radiación solar.
Otros operadores de transporte de la ciudad también están buscando soluciones para afrontar el calor. En el Metro se han realizado pruebas para mejorar la refrigeración y la ventilación de instalaciones, mientras que TRAM centra ahora parte de sus esfuerzos en evitar que el calor entre directamente a través de los cristales.
Las futuras pruebas permitirán comprobar cuánto puede reducirse realmente la temperatura dentro de los convoyes y si la solución funciona durante las jornadas más exigentes del verano. Si el sistema demuestra su eficacia, las habituales ventanas panorámicas del tranvía podrían incorporar una nueva capa de protección pensada específicamente para una Barcelona cada vez más calurosa.