El plan prevé unir ambos tranvías en un tramo de 2,8 kilómetros, ganar 16.000 m² para peatones y añadir casi 19.000 m² de zonas verdes. También incluye mejoras clave como el desdoblamiento del colector entre Girona y Francesc Macià, esencial para la gestión del agua.
El proyecto ha salido adelante con el apoyo de PSC, BComú y ERC, mientras que Junts, PP y Vox se han posicionado en contra. Más allá del debate político, el principal obstáculo es económico: sin presupuestos aprobados en el Ayuntamiento y la Generalitat, las obras no podrán empezar.
La inversión prevista supera los 100 millones de euros en urbanización e infraestructuras, con participación de ambas administraciones. El siguiente paso será la validación por parte de la Autoritat del Transport Metropolità y la firma del acuerdo de financiación.
Esta conexión se perfila como un elemento decisivo para la movilidad en Barcelona: facilitaría desplazamientos más ágiles, contribuiría a reducir el uso del vehículo privado y transformaría el espacio público de la Diagonal. Su impacto alcanza a miles de usuarios diarios y reconfigura uno de los ejes clave de la ciudad. A partir de ahora, su desarrollo queda supeditado a los acuerdos presupuestarios: sin financiación, el proyecto seguirá detenido; con ella, podría convertirse en una de las transformaciones urbanas más significativas de los próximos años.