El cambio es importante: Barcelona no tendrá carrera cada temporada, sino en años alternos, en rotación con el circuito belga de Spa-Francorchamps. Aun así, la renovación asegura la presencia de Montmeló hasta 2032 y evita que Catalunya pierda de golpe una de sus grandes citas deportivas internacionales.
La prueba estrena además una nueva identidad. Desde 2026 deja atrás el nombre tradicional de Gran Premio de España y pasa a llamarse Gran Premio de Barcelona-Catalunya, mientras Madrid asume la denominación española con su nuevo circuito urbano.
El president Salvador Illa defendió este domingo la continuidad de la F1 en Catalunya y destacó la capacidad organizativa del Circuit. La venta total de entradas y la respuesta del público refuerzan, según la Generalitat, el argumento de que Barcelona sigue siendo una plaza fuerte para el motor.
La jornada también tuvo una lectura institucional. Illa se reunió con Stefano Domenicali, consejero delegado de la Fórmula 1, antes de la carrera, en un gesto que subraya el interés del Govern por mantener abierta la relación con la competición más allá del nuevo contrato.
El impacto va mucho más allá de las gradas. Cada Gran Premio mueve hoteles, restaurantes, transporte, comercio y servicios en Barcelona, Montmeló y buena parte del área metropolitana. Para muchos negocios, el fin de semana de Fórmula 1 sigue siendo una de las fechas marcadas del año.
El Circuit de Barcelona-Catalunya, inaugurado en 1991, conserva además un peso simbólico dentro del calendario. Su trazado técnico, su historia y la afición local han convertido Montmeló en una referencia para pilotos, equipos y seguidores, aunque ahora tendrá que convivir con el nuevo protagonismo de Madrid.
El acuerdo no es una victoria absoluta, pero sí una forma de seguir dentro del mapa de los grandes eventos deportivos. La ciudad y su entorno mantienen una cita de enorme visibilidad internacional, con el reto de demostrar que cada edición puede seguir llenando gradas, hoteles y conversaciones.