La exposición parte de la DANA del 29 de octubre de 2024, pero no busca reconstruir el impacto inmediato de la tragedia. A través de una instalación de vídeo y fotografías de gran formato, la artista se detiene en lo que queda cuando la urgencia informativa desaparece: el barro adherido al paisaje, las huellas humanas y la vida cotidiana que intenta recomponerse.
La propuesta plantea una lectura distinta del desastre. Más que imágenes de devastación, aparecen preguntas sobre cómo reaccionan las comunidades, qué ocurre entre la administración y la realidad vivida, y de qué manera surgen redes espontáneas de apoyo cuando todo parece quebrarse. La obra desplaza la mirada del shock visual hacia la ética de la reconstrucción.
El proyecto se amplía con la participación del investigador Jorge Luis Marzo, que analizará cómo se representan las crisis políticas y sociales en la cultura visual contemporánea. La muestra, abierta hasta el 24 de abril de 2026, incluye también encuentros y visitas guiadas pensadas como espacios de conversación colectiva.