La protagonista recorre un territorio íntimo donde conviven el impulso de vivir y la tentación de desaparecer. En ese trayecto, cuestiona los vínculos familiares, desmonta las promesas del amor romántico y se enfrenta a su propia forma de estar en el mundo. La lectura y el sexo aparecen como refugios momentáneos, pero también como herramientas para entenderse.
El escenario se convierte en un espacio mental, casi suspendido, donde cada palabra parece abrir una grieta. «Permagel» habla de lo que se congela dentro y de la necesidad —a veces urgente, a veces imposible— de romper esa capa para volver a sentir.
Más que un relato, es una exposición sin filtros. Una pieza breve, de 70 minutos, que deja resonando una pregunta incómoda: qué significa, realmente, seguir adelante.