Con un ritmo ágil y sin concesiones, la obra se mueve entre la fascinación y la crítica. Berkoff utiliza la sombra de Shakespeare y de los grandes intérpretes que lo han encarnado para cuestionar cómo se construyen los mitos y qué lugar ocupan en la mirada contemporánea. La admiración, la idealización o el rechazo aparecen como respuestas posibles ante un legado que no siempre resulta cómodo.
Lo que comienza como un discurso sobre teatro deriva hacia una lectura más amplia, donde se filtran cuestiones sociales y políticas. Bajo el humor y la ironía, emerge una mirada directa sobre la necesidad humana de reconocimiento, de afecto y de pertenencia.
Con una puesta en escena esencial y una interpretación que sostiene todo el peso del texto, «Els dolents de Shakespeare» plantea un diálogo incómodo y lúcido con aquello que se admira y se cuestiona al mismo tiempo.