En el centro aparece Jay Gatsby, figura envuelta en misterio y exceso, pero retratada aquí desde su dimensión más frágil. Detrás del lujo y la celebración emerge un personaje atrapado en una idea romántica que nunca fue exactamente real. A través de veinte escenas, el director y coreógrafo Enrique Gasa Valga transforma ese universo en un relato dinámico y visualmente intenso.
La historia avanza desde la mirada de Nick Carraway, testigo privilegiado de un ascenso tan brillante como inevitablemente inestable. Sobre el escenario, un elenco internacional y una banda en directo acompañan la caída del espejismo al ritmo del jazz y el swing.
Durante 105 minutos, El Gran Gatsby no solo recrea una época; también recuerda que, detrás del ruido y el glamour, algunas historias siguen hablando de deseos que nunca encuentran su lugar.